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Algunos investigadores señalan que lo que le falta a la mujer en la vida empresarial es poder y no más estudios. Analicemos como suele reaccionar la mujer ante el trato diferente que recibe, por el menor poder que detenta: normalmente negando que sufra o haya sufrido discriminación, aunque reconozca que ésta, en general, exista. Esto suele ocurrir porque en lugar de compararse con los hombres que están en posición similar, lo hacen con las mujeres que están peor. Además, esta negociación de la realidad le ha ayudado a continuar en el mercado laboral, dando lugar a una nueva situación en la cual haya cada vez más mujeres. Si se centrara en preguntarse por qué tiene un menor poder, podría caer en el desencanto y optar por abandonar el esfuerzo.
Cuando las mujeres tienen poder los hombres reaccionan de forma ambivalente: se pueden sentir atraídos o amenazados y temerosos –lo que les lleva a huir y tratar con esposas, hijas o secretarias, todas ellas con un poder inferior. Por esta razón cuando se encuentran con una colega que tiene el mismo o mayor poder les puede resultar difícil tratar con ella o recibir órdenes de ella (Colwill, 1996). Otros estudios demuestran que no sólo los hombres ven a las mujeres poderosas como una amenaza, ellas mismas pueden sentirse amenazadas por el pensamiento de que son poderosas o incómodas. A las mujeres no sólo se les excluye del poder sino que ellas mismas lo rehúyen y afirman que las mujeres consienten vivir en márgenes del poder asumiendo formas de autoridad y relación enfermizos. Tradicionalmente, la feminidad ha sido sinónimo de sumisión ternura, debilidad, pasividad, exceso de emocionalidad.
La mujer que llega a ser poderosa, que alcanza el éxito se enfrenta al riesgo del aislamiento de otros colegas masculinos, de potenciales parejas y de otras mujeres que se sienten amenazadas o celosas. Una mujer con éxito puede ser objeto, a la vez, de odio y emulación por parte de otras mujeres que tienen un menor poder. En parte, el modo de superar el conflicto que vive la mujer al enfrentarse con el poder exige redefinir la feminidad y hacer que esta pierda sus connotaciones negativas. a La feminidad tiene cualidades que son muy positivas: diligencia y simpatía maternales, sabiduría, crecimiento espiritual, instintos e impulsos de ayuda… Es necesario desarrollar un estilo de utilización de poder que combine los puntos fuertes del estilo masculino (independencia y asertividad) y del femenino (cuidado de los otros y colaboración). (Bryce, 1994). Cantor y Bernay (1992, p17.) hablan a lo largo de todo su libro de “la ecuación de liderazgo = personalidad competente + agresividad creativa + ‘poder femenino”. La personalidad competente supone saber quién es una misma todo es tiempo; no sentirse arrastrada por las situaciones, personas o hechos; no verse obligada a cambiar su forma de actuar para agradar a la gente de su alrededor. Una personalidad competente ayuda a no sentirse amenazada cuando se toman riesgos. La agresividad creativa incluye: tomar iniciativas, conducir a otros, hablar claro… Sin embargo, en nuestra sociedad éstos son comportamientos que no están bien vistos en una mujer. Incluso, se han buscado palabras sustitutivas para agresividad cono asertividad. Y el ‘poder femenino’ es el poder usado para hacer del mundo un lugar mejor, no para manipular o para provecho propio.
¿Cómo usar el poder que tienes?
Autora: Arantza Echanis, Profesora de Aula Ética. Universidad de Deusto. Bilbao, España, Publicado con anterioridad en el Boletin Mujer Profesional del Tecnológico de Monterrey,
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